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  • Foto del escritorRaúl Guzmán González

FERNANDO LINERO COMENTA EL LIBRO ESTRELLA DEL ALBA, DE RAÚL GUZMÁN GONZÁLEZ


Estrella del alba de Raúl Guzmán González: o el ejercicio de la exaltación.


Se escribe para apaciguarse, para resguardarse. En un país donde a menudo sentimos que nos falta el aire, en una sociedad a la que le cuesta trabajo vivir en armonía, bien puede la poesía ayudarnos a respirar, ayudarnos “…a contemplar / como todas las mañanas / nacemos a las pequeñas cosas…”. Es entonces natural que el poema se vuelva como una especie de tierra soñada que apacigua, en la que es posible descubrir al otro; a ese en el que nos reconocemos, porque un poeta es primero que todo un ser humano, un individuo lleno de ansias y de sueños; su sitio está en el otro, puesto que la poesía es camino, entrega, albur, esperanza y desencanto, que solo —inevitablemente— se hacen reales en la convivencia con el otro.


Por encima de la conveniente reserva que con toda libertad ejerce la Poesía, y desde la cual obliga –al poeta y al lector- a la lucidez, es la única expresión que le otorga a través, de la invocación y el conjuro, un sentido más profundo a las cosas de este mundo contagiado de positivismo y de sarcasmo.


Es justamente esa la sensación que nos embarga, después de la lectura de Estrella del alba, poemario de Raúl Guzmán González. Su ámbito, acuciosamente perfilado, parco y ajeno al uso desmedido de la imagen, se apoya en la emoción y de esta manera rastrea los acontecimientos reales de su propia historia. De algún modo lo que escribimos es un registro de nuestra experiencia, de nuestro acontecer diario, de la percepción que tenemos de la realidad y de la necesidad de entenderla. A veces ese entendimiento es repentino y doloroso, pero también en ocasiones, en ese proceso se tiene la fortuna de ver como lo cotidiano se eleva permitiéndonos, así sea por un instante, acceder al lugar de lo sublime.


Raúl tiene claro, como lo expresa en el prólogo, que la Poesía no son los libros arrumados en los anaqueles; que la Poesía es el encuentro del lector con el libro, ese sencillo acto es el que hace posible descubrirla: esa cosa liviana, alada y sagrada de la que hablaba Platón.


Con modestia y gusto por la palabra pulcra, sin el propósito de fundar nada nuevo, su voz sobrevuela el alma elemental de lo cotidiano, esa aparente simpleza que no es más que otra cara de lo complejo.


Con beneplácito celebro que mi amigo Raúl no haya dejado de soñar, que no se haya dejado atrapar por el silencio; me contenta verlo asistir, con su discreta entonación, a los encuentros y los desencuentros; al enajenamiento y el hastío, ejercitando de esa manera la esperanza; cultivando la utopía para reducir el enigma del mundo, para sugerirnos el anhelo y la certidumbre en esa rosa azul que aún no se ha abierto, pero cuyo perfume ya presentimos en sus versos.


Fernando Linero – poeta y músico.

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