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  • Foto del escritorRaúl Guzmán González

EL NIÑO FILÓSOFO Y POETA


Al doblar la esquina me encuentro con una palabra del origen y de las reminiscencias que llevo en mi mente, me refiero a la palabra niño. ¿Cuál es el sentido desde la psicología analítica de ésta palabra? Es decir, ¿cuál es la impresión que deja en mi ser? El estudio del vocablo puede convertirse en la fuente de una investigación.


Al revisar la palabra niño, me llega a la memoria la sensación de la infancia, con el niño que fui, regresa el padre que un día interactuó con los hijos niños, reaparece mi encuentro con maestros de niños, en cuyas palabras descubro, la huella pedagógica de los niños, el niño como arquetipo, el niño filósofo, el niño poeta y mientras camino sigo impresionado con esa palabra que anda ahora conmigo. ¿Por qué estaba en un rincón invisibilizado de mi mente? ¿Cuándo la dejé ahí olvidada? Y, ¿por qué ahora reaparece?


Mi niño filósofo del ayer regresa para reencontrarse con el niño interior de ahora y cruzar intuitivamente la calle poética de la existencia que a diario creo y recreo en cada instante de asombro, de duda, de pensamiento, de magia, en mis entusiasmos lúdicos que provocan lluvias de juegos y soles que pinto o invoco, con el deseo de escudriñar e investigar el lugar exacto de luz y calor, en donde nacen las preguntas para comprobar que no existen lugares exactos más que aquellos que inventamos a través del poema, el diálogo, el encuentro con la soledad o con el otro.


El poeta William Wordsworth nos dice que "el niño es el padre del hombre", porque a manera de representación simbólica éste arquetipo se expresa en cada uno, desde la infancia hasta la vejez como fuente de creación. Por eso en los momentos de mayor imaginación del niño reaparece la espontaneidad de ese ser que nombra nuestro origen, se solaza en la curiosidad del filósofo primordial y no se cansa de indagar, porque cada interrogación es una autoafirmación que nos devuelve la confianza en nuestro potencial creador.


Mi niño interior en diálogo con el ser que ahora soy, se ocupa del conocimiento de mí mismo, me protege del mundo que inventé como adulto, él es la inocencia que me regresa a la casa de la poesía, es pasado, presente y futuro. La curiosidad lo mantiene despierto renovándose la piel cada vez que se baña en las profundidades del mito.


Mi niño interior, es un inmortal que juega con las fantasías y los sueños y va por la vida con traje de colegial.


Coautor del libro "Mensajes del niño interior".





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